Me había quedado sola en casa, mis padres se fueron como todos los domingos de paseo y decidí no acompañarlos, tenía muchas cosas en la mente, tantas que prefería convivir con ellas, me sentía acompañada por ellas y no necesitaba ni tenía cabida en mí nada más.
Realmente era un pequeño gran problema que fueras casada, no había libertad de hacer nada mientras no pudiera vivir a tu lado, como antes, te extrañaba demasiado... y ese día confirmé lo que siempre supe: que tú también me extrañabas mucho, pues me dijiste que ibas a mi encuentro al saber que estaba sola.
Ya conocías la casa de mis padres, adonde había regresado para esperar el día en que te hicieras mujer libre, ese momento en que yo pudiera vivir nuevamente a tu lado. Nunca pensé que tu deseo de verme fuera tan grande. Llegaste muy rápido, habías tomado un taxi que te trajo en un santiamén a mis brazos.
Jamás te había sentido así, tan urgida de mí, tan voluptuosa, tan apasionada. Mientras te besaba te fui quitando la ropa, tu cuerpo y el mío se conocían a la perfección, eras tan suave y fuerte a la vez...
Nos amamos en la única cama de dos plazas de la casa, la de papá y mamá, luego nos quedamos en silencio, besándonos, me acariciabas con dulzura mientras me miraba en tus profundos y oscuros ojos. ¡Eras tan bella!
Estuvimos todo el día juntas, sin salir de la habitación, sin otro pensamiento que nuestro amor y la felicidad que nos embargaba, hasta que de pronto se escuchó el ruido de una llave que intentaba abrir la puerta principal. Eso nos volvió a la realidad.
Salté de la cama, y tú conmigo. Presurosa tratabas de encontrar tus zapatos mientras yo contestaba el grito de papá preguntando si estaba en casa, procurando hacerlo con la mayor calma y desinterés posible.
Mis ojos se fijaron en tu frente, de ella salían a borbotones grandes y gruesas gotas de sudor, me asusté por ti. Mientras yo bajaba de la cama y me calzaba, tú sostenías tus zapatos de taco medio en una mano, mientras casi corriendo caminabas delante mío.
Al llegar a la escalera te detuviste y volteaste a verme, tu rostro estaba pintado de angustia y tus ojos casi lloraban de susto. Te miré y traté de aquietar con un gesto. Casi al mismo tiempo bajé sonriendo a la fuerza y saludé a mis padres que estaban en la cocina. Con mitad de mi cuerpo en la sala hablaba con papá, desde arriba pudiste ver que con la mano te hacía señas para que bajaras.
Nunca supe cómo bajaste tan rápido y tan sigilosamente las escaleras. Recuerdo que luego de estar por unos segundos con mis padres salí a ver por la ventana si estabas bien. Me encontré con una escena que aún tengo en mi cabeza.
Ahí estabas tú, en medio de la quinta, caminando presurosa y sin mirar atrás hasta la avenida, donde doblaste para perderte de vista.
Cuando recuerdo ese gran amor inmediatamente me pregunto: ¿Y dónde quedó? ¿Qué fue de él?, la verdad creo que sigue allí, está dormido porque tú lo has decidido así, porque todo indica que lo mejor es que esté así.
Muy dentro mío existe algo que se rebela contra ese final, una parte mía quiere luchar por revertir esa situación, por encontrar ese gran amor y no soltarlo jamás. Sé muy bien que es mi Yo soñador el que aún persiste, en ese momento siento que soy la mujer capaz de mover cielo y tierra por rescatar lo auténtico de ese gran amor, pero cuando vuelvo a la realidad inmediatamente me doy cuenta que choco contra un imposible, un recuerdo que solo será eso por siempre.
Sin embargo soy libre para pensarte, para caminar a tu lado, para sentarme y mirarte mientras trabajas durante las madrugadas, como antes, como siempre.
Era mi primer trabajo, y estaba orgullosa de sentirme independiente, de poder comprar y pagar lo que necesitaba sin tener que pedirle dinero a papá. Era muy feliz, y muy derrochadora también.
Aún no había tenido mayor experiencia sexual en mi vida, de juegos de manos, abrazos de ‘amiga’ y besos robados no pasaba. Y es que en la universidad había una chica de la que me enamoré perdidamente. Lamentablemente era heterosexual, pero mi inexperiencia me gritaba: ‘Tú sí puedes’, y me gané más de un dolor de cabeza por creer esto.
Éramos varios los que trabajábamos juntos en la oficina. Recuerdo que me puse de acuerdo con dos compañeras, una menor y otra mayor que yo para irnos a la sierra en tour. La pasamos muy bien.
Me hice más amiga de la señora que de la chica. Esta cuarentona estaba casada y tenía varios hijos, el mayor ya era adolescente. Me comentó que peleaba mucho con su esposo, que tenían problemas.
Un día que salimos me llevó a su casa. Como se hizo tarde me invitó a pasar la noche allí, pues ya se había separado del marido y se sentía sola… Recuerdo que estuvimos tomando lonche en la sala comedor, luego de ver televisión me dijo que se iba a dar un baño, estábamos en su habitación.
Lo primero que me llamó la atención fueron las sábanas que tenía su cama de dos plazas: ¡eran de raso rojo! Nunca había visto eso.
Mientras estaba terminando de cambiarme ella salió del cuarto de baño e irrumpió en la habitación… ¡en cueros! Estaba como dios la trajo al mundo, yo me quedé petrificada. Ella, sonriente, cogió un frasco de perfume y se puso unas cuantas gotitas en el pubis, se acercó a mí y me puso un poco en el brazo. «¿Te gusta?», «Sí… claro», le contesté tartamudeando.
Se puso un camisón negro, muy corto y transparente, y seguidamente se metió en la cama donde yo ya estaba instalada. Apagó la luz de la lamparita y nos quedamos a oscuras.
Ella siguió hablando por un breve momento. Nos despedimos y deseamos buenas noches…
Para mí fue la noche más larga que haya tenido, prácticamente no respiraba, estaba estática, traspiraba copiosamente y no me atrevía a rozar su cuerpo. Y así fue, amaneció y yo apenas dormí, cumplí mi propósito de no tocarla, pero vaya que me costó.
Esta fue una de mis primeras experiencias, era bastante joven y muy tímida. Hasta ahora no sé exactamente cuáles fueron las intenciones de mi amiga, quizá tuvo ganas de experimentar conmigo algo de lo que fue también incapaz de iniciar.
Lo cierto es que fue uno de los tantos episodios de mi vida que me sirvieron de precalentamiento para mi aprendizaje con las mujeres.
Verdaderamente me incentivó mucho esta guapa mujer, y me sirvió de prueba de resistencia para aprender a dominar mis impulsos cuando lo necesitaba hacer.
Nunca antes había hecho el amor con una mujer, y allí estabas tú, cerca de mí… realmente jamás se me había ocurrido estar contigo pero las circunstancias me acercaron a ti.
Eras menor que yo, por pocos años, sin embargo tu inocencia era inmensa frente a mi deseo de tenerte. Cuando estuve encima de ti, en tu cama, tus ojos asombrados me decían que no entendías qué era lo que quería. Lo único que hiciste fue quedarte muy quieta, y poco después gozar conmigo. ¡Quién hubiera creído que eras capaz de vibrar de esa forma! Ciertamente fuimos felices las dos.
Pasaron los días y semanas y nuestros encuentros fueron continuos. Todos los domingos estábamos juntas. Cada vez era mejor, nos entendíamos muy bien en la cama. Eras una gran amante a pesar de tus pocos años… en realidad te amoldé a mi querer, te enseñé lo que es amar, y fuiste muy buena discípula.
Pero nuevamente el sino intervino en nuestras vidas, esta vez nos separó. Pasaron muchos años, siempre pensaba en ti, te recordaba con mucho cariño y tristeza por los angustiantes acontecimientos que te alejaron de mí. Pensaba que por mi culpa quizá eras muy infeliz.
Hasta que un día, luego de muchos años, subí a un ómnibus de transporte público. Había mucha gente, así que me quedé de pie al lado de una mujer que tenía en su regazo a un bello bebé, de pocos días de nacido. Me quedé mirando la escena, me pareció muy tierna… hasta que de pronto la joven madre grita mi nombre… la miré inquisitiva, y al mismo tiempo fui descubriendo en su rostro rasgos conocidos, ¡eras tú! No pude contener mi alegría, estaba frente a ti, me dijiste que era tu primera niña, que estabas casada con un buen hombre, que eras muy feliz… y me alegré mucho por todo lo que me contaste.
Ella es feliz, para mí eso es lo valioso, que pudo hacer una vida al lado de un ser que la quiere, que formó una familia de la que está orgullosa.
¡Bendita seas!
Caminar al lado de la amada, conocer uno y mil parques junto a ella, no importarte que acabas de dejar la oficina y que estás exhausta, que tus pies sufren cada paso que das... ¡eso es amor!
Preparar el auto para el encuentro de más tarde, esta vez no será necesario tanto argumento para salir rumbo a la playa, el hecho es que ella ya está contigo, y por fin tienes pase libre para amarla, sabes que más tarde ella será tuya y tú de ella, que tendrán mucho placer, que mutuamente se tocarán, se sentirán, llegarán a miles de orgasmos compartidos... ¡eso es amor!
Pero el amor es mucho más que eso, el amor no desaparece sino que más bien se robustece, y mientras una piel ajada no le dice nada a nadie, para la amante es lo más bello que existe y existirá. Llegará el día en que los años desbaraten ese cuerpo que podía caminar a pesar de lo duro de la jornada, la edad ya no le permitirá amar en el pequeño espacio de su volkswagen escarabajo, serán momentos idos que quedarán para el recuerdo, es casi seguro que ninguna de las dos tuvo amor, porque ese viejo sentimiento dejará de ser con el tiempo.
¿Y el amor que me tengo? ¿Y el amor que te tienes?, ese es el más indispensable de los amores, es el amor por excelencia, sin él poco o nada puedes amar.
Si no te amas no existe amor en tu corazón, por eso fracasan muchas relaciones, porque se basan en el amor que una puede y debe dar de sí, sin él todo se vuelve estéril.
¿Y cómo hacer para aprender a amar?, pues amándote a ti misma. Amarte primero a ti, en segundo lugar a ti, y en tercer término a ti… luego de eso ya podemos pensar en los otros.
¿Que esto es egoísmo puro?, podemos llamarlo como queramos, lo que sí tengo bien en claro es que sí surte efecto, y muy positivo, por cierto. Ajustar mi conducta a esta verdad me ha permitido aprender a amar y respetar a mi persona antes que a nada ni nadie. Y esto a su vez ha logrado que sepa diferenciar entre el amor y el querer, entre el amor y la pasión, entre las palabras amelcochadas de ‘ternura’ y lo que realmente sienten por mí.
Ahora mi amor está bien dirigido, sé amar a la persona indicada, y sé querer cuando es el momento.
¿Qué más puedo pedir?
Tolerancia versus discriminación
Nuestra sociedad carece de muchas cosas, de respeto, de preocupación por el otro, de tolerancia… muchos ni siquiera saben el significado de esta palabra.
Tolerancia es la cualidad del ser humano que implica aceptar al prójimo tal y como sea este, con todo el conjunto de pensamientos y actitudes propias que lo hacen distinguirse de entre muchos.
Esta cualidad, la de ser tolerantes, casi no existe entre los que conforman la sociedad peruana debido a que esta se rige primordialmente por parámetros, formas de pensar, mitos, costumbres, que están muy arraigados y que no permiten ni siquiera pensar en que esa persona que tiene distintas costumbres, formas de sentir y de comportarse, también es un ser humano de carne y hueso.
Por supuesto que pensar en que la sociedad peruana acepte a la comunidad LGTTB (Lesbianas, Gays, Transexuales, Transgéneros, y Bisexuales) es muy difícil. Y digo por supuesto debido a la gran cantidad de sin razones que inundan el criterio de muchos, que ni siquiera toleran el hecho del andar pausado y tembloroso de una anciana que justamente va delante del grupo de muchachos que sale de la universidad, quienes sin mirar ni percatarse de lo que hacen irrumpen empujando y casi dejando caer a esta señora, solo para llegar rápido a su destino: la picantería de la esquina.
Este es el mundo donde impera la ley de la jungla, donde sobreviven los más fuertes y mejor parados, donde por adornar y distraer la atención del pueblo promocionan casos de injusticia tomada de la mano del lesbianismo, show gratuito que contribuye con el gobierno aprista para que el alza del costo de vida quede en segundo plano.
¿Y qué sucede con la misma comunidad LGTTB?, pues que entre sus integrantes existe un viejo y cotidiano prejuicio. No existe la tolerancia, y lo digo y afirmo porque lo comprobé en mis participaciones en los talleres del MHOL.
Suelo ser amiga de todos, sean estos de distinta condición social, raza, credo, sexo, opción sexual. Para mí todos son amigos o amigas, seres humanos con los que puedo compartir ideas, sentires. Hace un tiempo conocí a Fiorella, transexual que anteriormente fue vocalista de un conocido grupo de rock, muy perseguido por sus fans mujeres. Ella varias veces salió del taller del MHOL de los lunes conmigo, para comer algo en uno de los chifas de la Petit Thouars.
Conversamos mucho, nos contamos intimidades, y fui testigo de lo mal que la trataron en el MHOL. Simplemente las dirigentes de esta organización la sacaron de las reuniones de los lunes, en donde se juntan todas las lesbianas, y le dijeron que vaya los viernes, donde le correspondía por ser reuniones para chicos gays.
¿Qué no existe la discriminación entre nosotros, los de la comunidad?, ¡mentira! Fiorella es lesbiana, le gustan las mujeres y es mujer, y no tenía que irse al grupo de los chicos gay porque no está dentro de estos.
Las dirigentes del MHOL esgrimieron excusas sobre su actitud diciendo que Fiorella iba a confundir a las chiquillas que van a los talleres. Yo digo, como dije antes: «Entonces, ¿para qué están las dirigentes en el MHOL? ¿No es para explicar bien a las chicas las distintas formas de sentir que existen? ¿O es que en realidad ellas mismas no podían ver a Fiorella dentro de su grupo?
Esto para mí es DISCRIMINACIÓN, la misma que las dirigentes del MHOL tanto dicen combatir.
Esa es una de las razones por las que ya nunca regresé a los talleres de los lunes, y si lo hice hace como un año fue tan solo para ver una película, mas no para escuchar el mismo trillado discurso.
No regreso justamente porque quiero respetar su espacio, ellas saben si está libre de discriminación o no. Ellas tienen su verdad, y son felices así. No comparto sus ideas, por eso decidí irme. Para mí todos los seres humanos tenemos los mismos derechos, sean estos heterosexuales, homosexuales, transexuales, transgéneros, o bisexuales.
Si Fiorella es transexual y no la consideran lesbiana, pues yo sí la considero lesbiana porque es mujer a la que le gustan las mujeres. Si los dirigentes del MHOL deciden que no es así, que es transexual, entonces ¿qué esperan para dedicar un día de la semana a los transexuales hombres y mujeres? Ellos y ellas también merecen su atención y respeto.
¿Activa? ¿Pasiva? ¿Moderna? Cada vez somos más frías para definir nuestra forma de amar. Pienso que hay algo más por debajo de las sábanas, hay un corazón que siente, hay un espíritu, hay un ser humano que puede ser muy creativo, y por sobre todo existe un nombre y apellido, alguien que es sin necesidad de cartelitos que quieren ponerle muchas de las que le conocen.
Ciertamente que estas definiciones son importantes cuando estás al lado de la persona que compartirá contigo la cama, pero... ¿cuando recién conoces a alguien son importantes estas precisiones? Opino que no, a menos que seas una especie de máquina sexual, que cuando conoces a alguien tan solo con un saludo cibernético sea para pensar en estar encamada con ella. ¿O acaso no puedes conversar con alguien sin necesidad de conocer sus preferencias en la cama? ¿Las lesbianas no podemos ser amigas? ¿Ser amigas implica necesariamente ser amantes?
Prefiero que me llamen por mi nombre, mi pareja es la única que siempre tendrá el derecho de conocerme de la raíz a la punta, que podrá llamarme como quiera, pero estoy segura que no utilizará ninguno de los adjetivos nombrados al inicio de este texto. Por lo menos jamás me llamaron utilizándolos, y espero que eso continúe.
Dejemos de ser tan incisivas entre nosotras mismas, seamos más atentas en otros sentidos, veamos a las personas no como cosas dedicadas al sexo, sino como seres que podemos pensar, sentir emociones que salen del alma, no solo del cuerpo.
¿Y mis preferencias sexuales qué?, prefiero a las mujeres, adoro a las mujeres, muero por ellas, seres parecidos a mí, distantes y cercanos, amantes apasionadas, locura desbordante, paradojas andantes, sensibles y llenas de sarcasmo a veces, suavidad y fuerza mezcladas en una sola, ¿qué más puedo pedir?, solo que siempre tenga una compañera a mi lado, que me trate con respeto, que comparta conmigo lo bueno y lo malo de nuestra vida en común, pero que al mismo tiempo me deje volar sin ataduras, así como ella lo hace.
Esa combinación siempre me pareció la mejor, la más conocida (pues era mi cuerpo y sus sentires los que tenía al frente), cercana, fácil (aunque con el correr de los años me diera cuenta de que no siempre es así), y deliciosa a rabiar (argumento de mayor peso que los otros).
Aprendí a generar catarsis de mis impulsos sexuales apoyándome en juegos de manos con mis amigas, estos se volvían más frecuentes de los que pensaba, hasta que ya el deseo los convertía en más agresivos, tanto que hacían que en su rostro se dibuje una interrogante de la que huía despavorida, pues intuía el torrente de preguntas que se avecinaba. Eso fue al principio.
Más adelante, ya el impulso desenfrenado me llevaba a buscar sus mejillas para besarlas, el poder hacerlo me daba carta libre, sabía que ella sí me correspondería. Luego fueron sus labios, su cuello... aprendí a desnudar con una sola mano, mientras que la otra hacía su trabajo. No existieron corchetes que no pudiera zafar rápidamente para quitar un sostén tan solo con dos dedos, ¡y de la mano izquierda!
Siempre fui rápida solo para eso, en cambio, para hacer el amor ella me enseñó la lentitud, la suavidad y la fuerza, hasta que, en el orgasmo infinito me implorara con gritos y llanto que terminara de una vez.
Y así fue: la alumna superó a la maestra, pero ella se perdió en las tinieblas, mientras yo trataba de olvidarla.
Estas últimas semanas fueron así... llenas de trabajo y con la sensación de tenerte pegada a mi alma, casi como cuando estábamos juntas, compartiendo los problemas, las alegrías y la misma cama.
Fueron varios los días en que me desperté con tu recuerdo, con la sensación de haber estado a tu lado, peleando, conversando, amando, no sé, por más que hice no pude hilvanar el íntegro de cada sueño, pero tampoco logré desprenderme de tu esencia.
Ya son años los que no nos vemos y sin embargo he sentido tu cercanía a cada instante. Más que nostalgia y amor pareciera que surges de mi soledad, de mi sosiego maduro, como si ellos te invitaran a romperlos, a invadirlos con tu presencia.
¿Es que te extraño?, no lo creo, mucha agua ha pasado bajo el puente, muchos elementos disonantes nos separaron para siempre, quizá desde que nos conocimos. Fue un amor imposible que quisimos hacer posible, ninguna de las dos lo consiguió, a pesar de tantos años juntas.
Pero quedó algo en mí: me enseñaste a ser mejor persona, a pensar en el otro antes que en mi misma, a vivir contenta con lo que se podía, a pesar de las carencias, y a decir 'puedo hacerlo' aunque me pareciera casi imposible.
Espero que te encuentres bien, que la irrupción de tu recuerdo en mi alma y mi mente no sea signo de que necesitas ayuda. No voy a perturbar tu vida al llamarte, ya no, por eso desde aquí va mi plegaria por ti, mis buenos deseos para ti, que sigas siendo la mujer buena, honrada, trabajadora, apasionada y serena a la vez.
Me desperté con tu recuerdo varios días, estuve soñando contigo sin parar, quítame de tu mente porque hasta aquí llegan tus pensamientos, vive tranquila y feliz, como siempre lo hiciste, querida por todos y amada por una.
Hace un calor insoportable en las noches, es que aquí no hay aire acondicionado como en la oficina, traspiro muchísimo, por un momento mi cuerpo se enciende como antaño, mis hormonas logran activarse como diciendo 'aquí estamos, no hemos muerto aun'.
Y sí, mis deseos son fuertes, siempre lo fueron y lo serán, muchas lo saben, muchas me han sentido y pueden dar fe a lo que digo.
Me siento igual que siempre, no he cambiado en ese aspecto, quizá en otros sí, pero en ser apasionada no. Puede ser que nací en el mes más caluroso de todos, febrero, que siempre me hace patalear por su empalagosa naturaleza. ¡Uf!, es que prefiero el invierno, donde puedo abrigarme de muchas formas... ¡vaya que sí!
Sin embargo, cuando estoy a tu lado no me interesa si hace frío o calor, si hay cama o no, siempre nos amamos en donde nos cogía el deseo, nunca nos importó el escenario, lo duro del piso o del escritorio. Eras una amante insaciable, aprendí de ti muchas cosas mientras la mirada furtiva del encargado de la seguridad de mi oficina trataba de vernos a través de las tinieblas y las cortinas de la ventana.
Me acuerdo de ti y compruebo con tristeza que tu cumpleaños ya pasó y no te llamé, ¿cómo estarás?, seguro que bien, siempre fuiste una gata, caes de pie, así que por eso no me preocupo.
Quizá te llame para que me saludes por mi cumpleaños, a ver qué me dices. A lo mejor nos vemos otra vez, nos ponemos de acuerdo para que encendamos la mechita de la pasión y el deseo, de amar hasta que a gritos digamos: ¡ya no más!
¿O quizá tengas una nueva paciente?, eso es casi seguro, con lo mujeriega que eres. Pero eso no es impedimento cuando se trata de pasarla bien, y tú sabes que conmigo lo haces, somos una combinación perfecta. Nuestros sexos son hechos por igual, sabemos lo que nos gusta, nos conocemos a la perfección.
Ya me animé a llamarte, lo voy a hacer, esta semana de todas maneras. De seguro que tienes más trucos sexuales que enseñarme, tú siempre fuiste y serás la experta en estas lides. No te me pierdas nomás, tenemos mucho qué contar, y mucho qué enseñarnos, porque también he aprendido algo, ¿te enseño?
Mañanas en casa, preparas el café y todo se inunda de su aroma. Y es que a ti siempre te gustó pasarlo, ¡pura esencia!, dices, mientras te deleitas con su fuerte gusto.
Has salido al balcón y yo tras de ti, es maravillosa la vista que la naturaleza nos regala: el mar… es que vivimos tan cerca que su olor ya es parte de nuestras vidas. Cuando está despejado el horizonte de la frecuente neblina mañanera nos deleitamos al divisar la Costa Verde desde La Punta. Todo parece perfecto, casi a la entrada de la casa tenemos un parquecito con árboles, flores, y bancas para los enamorados. Los innumerables pájaros que viven allí siempre nos regalan sus cantos matutinos y vespertinos.
Te tomo de la mano y tú me abrazas, qué mejor lugar para sentirte, para amarte, para compartir a tu lado mis años, mis ilusiones, mi vida entera.
«Hay que trabajar», me dices, con tu sonrisa de medio lado y tus ojos… esos ojos grandes y oscuros, como las profundidades de un mar agreste donde siempre me perdí. Y yo quiero seguir allí, abrazada a tus grandes pechos, a ese espacio que solo es mío, porque nadie los conoce mejor que yo.
Tú te encargas de convencerme, como siempre, y casi sin darme cuenta ya estoy preparando la lista con las cosas que debo comprar en Gamarra, mientras tú coses y cantas al compás de esa música que ahora también es mía.
Y así se pasa otro día más, llega la noche ¡y tú tan fresca!, pareciera que no has hecho ni la mitad de todo lo que has terminado, tu energía es apabullante… ¡y pensar que tienes 13 años más que yo! Siempre lo pensé, sobre todo durante las mañanas que te pasabas de largo, sin dormir durante dos noches seguidas y continuabas cantando y silbando mientras trabajabas sin parar. Y yo, que apenas trasnochaba una vez, me quedaba dormida en medio del trabajo mientras me arropabas y besabas en la mejilla, solo tú continuabas despierta hasta terminar con el vestido, la falda, o qué sé yo.
Es delicioso compartir tu cama, sentir tu cuerpo grande, voluptuoso, encajas perfecta en mí, siempre estás tan caliente… nuestros primeros encuentros sobre lo que tu llamas chailón, como muchos de hablar antiguo y burdo al referirse a la palabra francesa chaise-longue (cheslong) que titula así a los sofás sin brazos, pero este no tenía respaldar alguno, era un colchoncito de una plaza sobre un bloque de madera, ¡diablos! ¡No sé cómo entrábamos!, bueno… sí lo sé, la única forma era estar una sobre la otra y vaya si lo disfrutábamos… tanto que me olvidaba de la hora, de irme a trabajar… la suerte era que no tenía horario, ni de entrada ni de salida.
Lindos días, preciosos amaneceres junto a ti donde respiraba aromas inolvidables, tu café, tu olor a vainilla, a frutas, estás aquí, pegada a mí, sigues siendo parte de mi vida, de mi esencia, aprendí muchas cosas a tu lado, gracias por darme todo: pasión, ternura, alegrías y tristezas.
Mentiras, muchas, de todos los colores, todas vienen y se estrellan contra mi corazón. Ya no te creo. Te lo he dicho hace poco, en serio, sin bromas, por vez primera, sin temor a que te alejes al saber que te conozco, que sé de tus tretas desde siempre... ¡sí!, ¿no lo crees? Es que así soy cuando me enamoro, me dejo llevar por todo sitio, hasta por lúgubres callejones sin salida donde me lleno de cosas feas, tristes, amargas, cuando mi alma ya grita de impotencia y espanto. Y sin embargo no soy capaz de decir ¡alto!, sigo con ella, casi la persigo, continúo con su juego, ese peligroso juego que solo termina cuando ella decide acabarme, aburrida porque ya no es tan divertido verme aceptando todo, como un cachorrito faldero con el que se puede jugar todo el tiempo.
Muchas veces pienso en esa forma de ser mía, creo que en realidad no soy así, me parece que dejé que me programaran desde hace mucho, la primera chica con la que pasé grandes cosas, pero sobre todo punzantes, hirientes como abrazar espinas, y en verdad que lo hacía y no me importaba cuánto me doliera con tal de tenerla cerca.
Más vale tarde que nunca, dicen. Y creo que ahora, cuando ya mi cabello sin teñir grita mi edad, cuando mi carne se muestra más flácida que nunca, y mis manos son la llamada de atención para los que las saben observar, "venas salientes, muestra de inicio de vejez". Sí pues, ya llegó el tiempo en que debo ser yo la que lleve, pero lo haré hacia caminos floridos, sobrios, y elegantes al mismo tiempo, donde la música tenga su sitio preferencial, y las letras el que ya conquistaron hace mucho. Todo eso y más tengo para dar, por esos rumbos y otros mejores te llevaré. Ya no dejaré que me hagan probar cosas amargas. Hoy tengo mucha miel que compartir, se formó en mí desde el momento en que resistí a que me arrastres, tú, mi última torturadora, que dice que se va, como lo dijiste hace meses. Bueno, así eres, toda una sorpresa. Solo que esta vez llegas tarde con tu anuncio, pues de mi corazón, de mi alma, hace mucho que te fuiste, mejor dicho, que te arrojé. Estaba atragantada con tu esencia y por fin te devolví y te puse en tu lugar. ¿Que te sigo llamando?, a veces, ¿para qué?, me dirás, pues para saber si ya inventaste otros trucos, otras formas de envolver, enamorar, conquistar. Pero ya vi que no, sigues siendo la misma, la vieja conocida que antaño decía ser casi una niña para mí... ilusiones sembradas, pues la niña fui siempre yo, la inocencia y el candor siempre fueron míos, y eso nunca lo podrás cambiar.
Dejé que me hagas mucho daño, pero igual, te deseo todo lo mejor del mundo. Ayer te llamé un poco tarde, se me fue la hora, solo era para decirte, por última vez, que tengas un feliz año nuevo, que todo lo planeado se te cumpla, siempre y cuando no dañes a nadie. Pero sobre todo, mi deseo para este 2008 dedicado a ti es que seas una mujer buena, que sepas pensar en la que está a tu lado, que aprendas a amar. Creo que este es mi mejor regalo para ti.
Mi regalo ya lo tuve por adelantado, y también es el mejor que he recibido en toda mi vida: ya sé quererme, no necesito a nadie para que me diga que valgo. Yo sé exactamente mi valor, y sé que es muy alto. ¿Que estoy sola?, sin pareja dirán, porque sola ya no me siento desde hace mucho. Esa fue mi primera conquista. Más vale tarde que nunca reza el dicho, y ahora lo entiendo muy pero muy bien.
Vacíos - Jan. 14, 2005 at 08:02 PM
Y al final... ¿qué nos quedó? quizá el recuerdo de unos pocos los únicos los devorados ansiosamente como queriendo guardarlos bien en la mente hiriendo marcando la memoria de cada una de cada historia...
¿Cómo ocurrió? ¿Es que nunca nos amamos? quizá eso pasó dejamos de llamarnos... ya no ocurrieron divertidos los escapes eternos dentro de un hotel donde tu piel chorreaba miel que locamente bebia...
Ahora, desde una distancia que parece infinita me haces ver tu arrogancia tu naturaleza exquisita de persona que parece que haciendo mal vivir quisiese
Pero dale dale corazón sepúltame viva todo vale desde una funebre canción hasta una voz que cautiva
No se escribir solo hago el intento ¿Tendré que desistir? ¡Quién sabe! igual que contigo terminaré aceptando que es más sabio quien reconoce, vencido, que nunca ha podido nadar en tus ojos sin dejar de ser un simple antojo |
Y llegó el gran día del encuentro. Como ha venido sucediendo ahora último, fuera de mi costumbre fui la primera en llegar. Ya la gente de otros años estaba formando dos pequeñas colas para entregar la tarjeta respectiva o comprarla.
A la entrada, donde me hallaba, pude ver a la monja que otrora fue la reaccionaria, la rebelde, la que siempre decía sus verdades acerca de Religión, sustentadas en cimentados argumentos que hacían que en mi cabeza se forme un torbellino y todo lo que me habían enseñado al respecto se caiga ante el ventarrón poderoso de sus afirmaciones. Como cuando preguntó a toda la clase si creíamos en la virginidad de la Virgen María... si literalmente creíamos. Nos miramos, estábamos asombradas con esa pregunta. Con perplejidad contestamos afirmativamente, y ella, movida por una increíble fuerza nos contestó: ¡No puede ser!, ¡pero si tienen la Religión de infantil!, refiriéndose al primer estadio de enseñanza, al grado de pequeñas de cinco años. ¡Ah!, ¡cuánto aprendí con esa monjita! Me abrió los ojos, el criterio, y me acercó más a mis creencias, aunque parezca todo lo contrario.
Pero no la saludé... estaba ocupada decidiendo por dónde entrar, pues ella, las profesoras, y las antiguas trabajadoras de nuestro colegio, según lo que pude ver, ingresaban sigilosamente para no ser reconocidas por ninguna de las viejas ex alumnas.
Decidí quedarme esperando a las ‘chicas’ que compartieron conmigo la misma aula, los chistes, las bromas, y toda clase de situaciones, como cuando empezaba a temblar la tierra y todo se convertía en un pandemonio. ¡Mi mamá! ¡Mi hermanita!, eran los gritos mezclados con llanto que más de una producía. Era tan gracioso para mí, no puedo evitar sonreír con mi recuerdo. Mónica, Lisette, no me olvido de su desesperación, pero ahora las entiendo un poquito más, aunque no deja de ser risible, sobre todo cuando recuerdo a ‘la Elvi’... je, je, esa mujer... siempre seria, implacable, la que no permitía un ruidito en la biblioteca del colegio. Sí, en ese momento estalló el terremoto, todas empezaron a correr como cuyes en tómbola, aunque sin dirección alguna. ‘La Elvi’ gritó, como siempre: Niñas... ¡sentadas!, niñas... ¡silencio! Pero no duró mucho. Mientras me atacaba de risa sentada ―creo que era la única en mi silla―, pude ver que ‘la Elvi’ se bajaba del pupitre en el que se subió para tratar de calmar a toda la clase, y salía disparada de allí, dejándonos solas, en medio de los llantos, gritos, y mi risa. Sí pues, ‘la Elvi’ seguramente pensó: Ay carajo, esto sí está feo, no para... ¡sálvese quién pueda!, y entonces agarró viaje y se mandó a mudar, buscando un lugar más seguro.
Esta vez no estuvo Elvi para reírme un poco, pero sí estuvieron varias monjas que me hicieron recordar muchos episodios sabrosos. Lástima que la que fuera nuestra Directora ya no estaba. Quisieron recordarla con un minuto de silencio, pero desde aquí escribo sobre lo que significó para mí su presencia, su autoridad, su trabajo incansable para tratar de enseñarnos a ser buenas personas ―y vaya que sí le costó―. Como una de las veces en que decidimos escaparnos de la clase... creo que era la hora de Labores, no sé, lo que sí sé es que estábamos super aburridas, así que intercaladamente fuimos saliendo al pedir permiso para ir al baño. Nos encontramos las cinco y nos pusimos a recorrer las desiertas instalaciones del colegio. Todas las alumnas estaban en clase, todas menos nosotras. En eso alguien vio que la profesora encargada de la disciplina hacía su aparición por el corredor. Nos metimos corriendo al baño de Infantil, pero ella ya nos había visto. La Directora también apareció. Cuando entró ‘la Doris’ al baño gritó con voz enérgica que salgamos, que ya sabía que estábamos allí. Y es que una de mis compañeras, con gran inteligencia, se había parado encima de la tapa del inodoro, lo que hizo que su cabeza se asomara por la puerta, y eso que ella es muy chata, a lo Barraza. Una a una fueron saliendo, con la cabeza gacha, mientras ‘la Doris’ se encargaba de los regaños de ley. La única que se quedó inmóvil y en silencio fui yo, es que estaba en el último cubículo con la puerta bien cerrada y mis pies en alto para que no noten mi presencia. Esperé un buen rato y regresé al salón, allí me encontré con la madre directora que había ido a hablar con todas, llevando de las orejas a las fugitivas. Esa vez por poco y me gano la papeleta de suspensión que tuvieron mis amigas. Pero existieron otras, todas fueron para nosotras trofeos bien ganados. A mucha honra caray.
La vida en el colegio ha sido para mí una de las mejores experiencias. Por eso me alegré cuando me avisaron de la reunión. Allí estaban las del otro salón, fueron pocas pero fueron, se sentaron en otra mesa, pero cercana a la nuestra. Bueno... así estuvieron las cosas y creo que así seguirán, somos seres de costumbres, y más que una probable enemistad, que no existe, es solo la tradición, además que los recuerdos unen, y ellas tienen los suyos igual que nosotras los nuestros.
Sé que también entre algunas de nosotras existe cierto sinsabor, cosas que de viejas hemos vivido, pleitos, discusiones... total, esa es la vida, cada una tiene su verdad, su experiencia, su vida, y esto no tiene por qué ser idéntico, ni siquiera similar.
Hemos compartido, bailado, cantado, comido, y bebido como locas. Ellas con su whisky y yo con mi botella de vino. Fue el día de lo prohibido, el momento de olvidar el ‘no puedo’ para divertirme como antaño, casi como durante la época escolar. De sorprenderme viendo cómo se caía Chabela, ella dice que por el cable, yo digo que por el trago; o de reírme al ver a Rosalí bailando bien amelcochada con el muchacho más lindo de los que animaban la fiesta. Cantamos al compás del acordeón de nuestra Concho. Todas nos sabíamos de memoria las canciones que aprendimos cuando teníamos cinco años, cuando las tocábamos en la pequeña orquesta que formábamos dirigidas por Concho. Había ex alumnas de mi edad, menores que yo y mucho mayores también. Somos varias generaciones que pasamos por el mismo colegio y la misma educación, quizá hasta las mismas travesuras y parecidos recuerdos.
Solo me resta decir: ¡Ay Señor!, ¡sí que nos divertimos!
24.11.2007
Loreto, región olvidada por muchos gobiernos, sin embargo de importancia enorme cuando se trata de evaluar su aporte económico y ecológico al país. Iquitos, ciudad de las motos y mototaxis, hoy atestada de muchos inmigrantes de la Sierra, la mayoría comerciantes que venden desde un alfiler hasta tours por los campamentos de aborígenes, pasando por venta de ropa, zapatos, cosméticos, souvenirs selváticos; dueños de restaurantes de comida típica del lugar, y de las tan necesitadas heladerías, donde un cono con helado de aguaje te sabe a gloria después de transpirar como loca frente a un termómetro que marca altas temperaturas.
Por un sol cincuenta te llevan a la Plaza de Armas, allí, en un restaurante, observo la presencia de varios grupos de turistas almorzando y comprando casi todo lo que se les ofrece. Me voy a una callecita empinada donde el año pasado degusté varios menús deliciosos. Esta vez llegué temprano, mucho antes de la hora del almuerzo. Cuando estaba a mitad de mi plato pude ver a varios parroquianos parados o dando vueltas, esperando que se desocupe una mesa. El sitio, ya famoso por su buena calidad, estaba atestado. Cerca de allí está la conocida Casa de Fierro, diseñada por el mismísimo Eiffel, padre de la torre que lleva su nombre en la famosa Francia.
Decidí ir a La Favorita, ya venida a menos, pero una heladería que siempre me hará recordar a papá. Como siempre que voy a visitar a la abuela, tomé un helado de ungurahui, camu camu, y el infaltable aguaje. Se quedó para el recuerdo la amplia sonrisa con la que me recibió la que supuse dueña del lugar: una señora regordeta que estaba detrás de uno de los mostradores del fondo. Y es que hoy, con la proliferación de heladerías con locales más céntricos y modernos, es difícil que alguien piense en comprar allí.
Esta vez mi paseo por el centro no fue interrumpido por la presencia de la tía Gloria saliendo de un banco conocido. Esta vez no tuve que defender mi postura frente a la situación de la abuela. Al final, ¿qué podría hacer yo viviendo en Lima?, o mejor dicho: ¿qué podría hacer yo viviendo en Iquitos? Si en la capital escasea el trabajo para mí, es poco probable que lo halle en la tierra de papá. Además... ¿quién viviría con mamá? ¿Quién estaría pendiente de ella? ¿Quién se pelearía con ella convirtiéndose esto en su principal distracción? Ya está decidido desde hace mucho, debo quedarme en Lima.
Estuve esperando la salida del avión desde las siete y pico de la mañana. La pista, rodeada de exuberante vegetación, distaba mucho del panorama que exhibe el aeropuerto limeño. Esta vez no llovía, tampoco me despidió el perfecto arco iris que se extendió ante mi mirada asombrada y feliz a través de la ventanilla del avión a mi llegada. Pero igual, partía a Lima. El próximo año estaré de nuevo allá. Es una promesa que me he hecho. Otra vez saborearé un helado exótico en una tierra vibrante de calor, fuego, pasión, ¡todo! Bendita ciudad que vio nacer al hombre más importante de mi vida; por algo eres y siempre serás de la Selva su perla. Hoy decidí acompañar a mi madre a que le tiñan el cabello. Fuimos a una pequeña peluquería de la Av. Angamos, en Surquillo, cercana a casa. Nos animamos a entrar porque estaba atendiendo la peluquera que conocemos hace mucho, y porque ella siempre nos hace un precio especial.
Al sentarme en el sillón que queda frente a los asientos donde están las clientas que son atendidas, vi una rubia cabellera que caía casi hasta el suelo. La estaban cepillando. Luego, la curiosidad me indicó el camino y pude observar, a través del espejo, la cara de la que era atendida. Ella también posó sus ojos en mi, pero luego de unos segundos me incomodó la insistencia de su mirada. Sobre todo por la presencia de mamá, aunque ella, inocente por completo, no se dio cuenta nunca de lo que ocurrió en esos momentos.
Era una mujer de muy buen cuerpo, el centímetro de raíz negra que asomaba en su cabeza delataba lo artificial del color amarillo tirando casi a blanco de su pelo. Sus facciones acholadas le terminaban dando el aspecto poco sensual que trataba, a duras penas, de ocultar. Pero cuando se puso en acción, todo su profesionalismo salió a flote.
Sí, definitivamente se dedicaba a eso. Tanto así que apenas me senté y levanté la cara hacia ella, inmediatamente detectó mi naturaleza. De mirarme pasó a actuar brillantemente, tanto que no supe qué cara poner.
Ginger, así quiero llamarla, daba jaloncitos al apretadísimo polo que dejaba ver sus bien despachados senos. Jugueteaba con su lengua y labios de una manera extremadamente provocativa, casi parecía decir: «con esto te puedo hacer ver las estrellas». Luego, volvía a clavarme su mirada haciendo oídos sordos a la música estruendosa que había puesto la peluquera, pues pertenece a la Iglesia Evangélica, o mejor llamada ‘cristiana’, título que han hecho suyo los de su feligresía.
Resultaba contraproducente que en tan diminuto espacio, donde chillaba el coro ensordecedor de la música ‘cristiana’, se mezclara la voluptuosidad de aquella fémina que necesitaba conseguir clientela para llevar al hotel que queda a tan solo media cuadra, el usual centro de operaciones de ella y sus compañeras.
Al rato apareció una mujer un tanto mayor, con un niño de aproximadamente tres años. Esta era entrada en carnes, y estaba mal trajeada, en comparación con Ginger. Se pusieron a conversar hasta que terminaron el cepillado, pero antes de salir la ‘rubia’ se despidió de mí con otra larga y fulminante mirada.
Desde aquí rindo un homenaje a estas trabajadoras del placer, poseedoras de un amplio y sensitivo radar que encuentra clientes en cualquier lugar, sabias que fácilmente ‘dan en el clavo’ con respecto a la naturaleza escondida de los que están cerca.
Me quito el sombrero ante ti, Ginger y demás hierbas.Olvida los días nublados, pero no olvides tus horas de sol ni tus
noches estrelladas.
Olvida los momentos en que fuiste derrotado, pero no olvides las
batallas que has ganado.
Olvida los errores que no puedes cambiar, pero no olvides las lecciones
que has aprendido
ni lo tanto que enseñas.
Olvida los días en que has estado solo y triste,
pero no olvides las sonrisas que has encontrado y tantas que encontrarás.
Olvida los planes que fallaron pero NUNCA olvides que debes tener
siempre
un sueño.
Anónimo.
Hace mucho que no escribo, y es que he estado un poquito recluida... sí.
Luego de la reclusión involuntaria he vivido una libertad que no esperaba ya.
Tanto así que he tenido miedo de volver a escribir.
De volver a suponer que ya había pasado la tormenta, cuando en realidad estaba en el ojo del tornado, envuelta en una calma artificial, pues al poco tiempo nuevamente todo estallaba frente a mí.
Ahora me atrevo a escribir porque ya ha pasado algo más de tiempo.
Casi me atrevo a creer que ya no habrá tormentas tan fuertes como las vividas, quizá serán iguales de intensas pero ya no harán tanto daño a la piel de mi alma, pues esta se ha curtido con los golpes del destino, al que agradezco porque he aprendido más.
Porque el dolor ha hecho crecer en mí cosas buenas, y me ha hecho valorar la rutina, la mañana, y el pedacito de cielo que diviso a través de mi ventana.
Estar de vuelta en casa es como haber reencontrado el paraíso.
Caminar sin dolor es una bendición que me cayó del cielo.
Poder sentarme y escribir es como volver a nacer.
Porque eso es lo que creo y eso es lo que siento.
Por ti nací tres veces, y quién sabe si renazca otra vez.
Lo último vivido ha logrado que madure, que pueda ver más allá de mis ojos, más allá de la vida, y más allá de la muerte.¡Por fin!, encontré un momento en que me quedé a solas conmigo misma, unos minutos en que no hay nada urgente por hacer, es como si hubiera entrado en un lugar donde el tiempo se paró, donde me siento libre de presiones, donde puedo estar a mis anchas con pensamientos que fluyen sin parar de mi mente.
Todavía me parece estar viviendo la época de Navidad, ¡es que está tan cerca y tan lejos! Aun puedo ver los arbolitos recargados de adornos que todas las tiendas mostraban, o las ventanas de las casas plagadas de luces, igual que las fachadas de mansiones de un barrio limeño muy pituco, donde las adornan a más no poder, queriendo igualarlas a las de algún país 'desarrollado', donde dicen que todo es perfecto.
Pero Navidad se fue tan rápidamente como llegó, igual que todos los días del 2007. Miro el calendario y sé que este enero ya casi dobló la esquina sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo.
Se diría que un duende travieso encargado del tiempo jugara con él, que hiciera que las horas adquirieran una velocidad inusitada, nadie lo ve porque todos estamos ¡tan ocupados!, lo imagino adelantando sigilosamente nuestros relojes, sonriendo de gusto al pensar en la cara de aturdidos y asombrados que tendremos al verlos.
Sí pues, otro año empezó, y sus días se escurren rápidamente por las esquinas de mi vida. Lo único que me queda por hacer es vivir al mismo ritmo, pero buscar momentos como este, donde puedo ser como soy, donde me encuentro y te encuentro a ti, donde puedo crearte para que seas única, exacta, a mi medida.